EL PATOTERO

Y SUS ADULONES

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Nuevamente el tipejo consorte nos ha asestado una de sus “conferencias de prensa”. En este caso, para repetir una sarta de tonterías a las que ya nos tiene dolorosamente acostumbrados, para mofarse de presentes y ausentes, y para profundizar el enfrentamiento social. Eso sí, mintiendo con descaro impar al proclamarse a sí mismo humilde, respetuoso, contrario a las descalificaciones, ajeno al gobierno, ignorante de la grave división de la unidad sindical generada por sus imposiciones tiránicas, y confundiendo –una vez más- a Hipólito Yrigoyen con Leandro N. Alem. Todo esto, rodeado por un elenco de lamesuelas obsecuentes, que competían entre sí para aplaudir el maltrato y la mofa a los pocos periodistas a los que se dignó contestar. Una cosa –significativa- agregó el tiranuelo patagónico a sus habituales humillaciones: la convocatoria a la Plaza del Congreso para el próximo martes, a la misma hora que la organizada en los jardines de Palermo por los dirigentes agrarios. Allí pretenderá, nuevamente, medir fuerzas. Allí desplegará sus decenas de miles de hombres, mujeres y niños humildes, a los que congregará a cambio de algunos dineros o de un poco de comida. Allí se darán cita los funcionarios alcahuetes, los matones rentados, los empleados públicos arreados como ganado, y los envenenados por su discurso de resentimiento y venganza. Desde allí pretenderá amedrentar a los cientos de miles de argentinos que se reunirán en Palermo para decirle ¡basta! No lo logrará. Como ya ocurrió con la comparación entre los actos de Rosario y Salta, saldrá perdiendo. Y el nuevo paso de tragicomedia de la dupla despótica fracasará. Sin embargo, el tinglado parlamentario continuará su faena. Los senadores deberán optar entre representar a sus electores o doblegarse ante la imposición o el soborno oficiales. La falsa representatividad de los partidos políticos quedará una vez más en evidencia.
Mientras tanto, al aire libre, lejos de la turbia atmósfera de la compra de voluntades senatoriales, lejos de la intrínseca corrupción de un sistema político que endiosa al número hasta divorciarlo de la verdad, cientos de miles de compatriotas tendrán la oportunidad de descubrir las falacias de un sistema contrario al bien común. ¡Quiera Dios que de allí, de esa tarde promisoria, surja el grito profundo de la nacionalidad soterrada, de la dignidad envilecida, del patriotismo viril, de la honestidad substancial, de la tradición   honorable, virtudes características de nuestro hombre de campo! Para que una Argentina restaurada en sus valores tradicionales vuelva por sus fueros, reclamando el lugar arrebatado por tanto politicastro rastrero, por tanto bravucón insolente, por tanto funcionario servil.

PARA QUE VUELVA ALGÚN CRIOLLO
EN ESTA TIERRA A MANDAR

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